Esta mañana he pensado en el ciclo de la creatividad. Me he dado cuenta de que hay varias fases.

 

(B1) Tener ideas bajo demanda.

Me piden ideas y las doy.

Es una agencia clásica.

 

(B2) Tener ideas para otros y venderlas de modo proactivo.

Tengo una idea para Mahou y se la vendo.

Es una agencia proactiva, venta consultiva.

 

(B3) Tener ideas de negocio y buscar dinero fuera para producirlas tú.

Veo que hay mercado en los toros y busco la pasta para crear productos propios en relación a este mercado. O veo que hay mercado en los divorcios y creo una miniserie, una app y unos eventos para este mercado.

Es una productora o una start up (con un buen planner a los mandos).

 

(B4) Tener ideas y producirlas con mi dinero.

Es igual que lo anterior pero sin recurrir a endeudamiento, es decir, más rentable.

 

(B5) Tener dinero y buscar ideas fuera.

Ya solo me dedico a invertir en ideas de otros porque soy viejo. Pero tengo pasta.

Eres un fondo de inversión.

 

Al principio del ciclo tienes ideas pero no dinero y al final tienes dinero para comprar y reclutar talento/ideas que ya no tienes. MARKNIAC está en B1 y B2, pero quiero dar el paso a B3 hasta que llegue a B5 que es mi objetivo vital.

 

 

La publicidad tal y como la conocíamos está muerta o a punto de morirse. Los medios también están muertos, lo digital también, hay saturación de eventos, cada chaval es un productor audiovisual…

 

Los creativos tenemos la creatividad para pensar cosas nuevas, algunos tenemos además la capacidad de hacer planes de negocio y algunos menos aún tenemos la capacidad de venderlo. No necesitamos más. Creo que debemos abandonar la publicidad como destino de la creatividad en el sentido de dar servicio a otros en las áreas de “venta” o de “darse a conocer, alcanzar notoriedad” para entrar por completo en otros dos negocios: el negocio de la producción y la consultoría.

 

  1. Consultoría: es necesario integrar diseño, branding, marketing, estrategia, insights, conocimiento profundo del consumidor, experiencia de cliente y experiencia de usuario para dar al empresario de los próximos años lo que necesita ya (y que hasta dentro de unos años no va a saber que necesita). Marco en bold lo de “próximos años” porque este mercado está casi virgen y comenzando, por lo que hay que definirlo. Esto ya no sería una agencia, es una consultora creativa. En este caso ya no hacemos stands, ni brochures, ni webs per se. Hacemos consultoría creativa, vamos a un cliente, vemos qué vende, estudiamos cómo son sus clientes, qué compran en realidad cuando les compra, como se les percibe, qué hace la competencia, contratamos un estudio si lo necesitamos, hacemos el customer journey, llevamos sabiduría de otro sector a su sector y les damos un servicio integral de consultoría creativa, de marketing, de transformación, de mercado, de identidad y branding, de todo, también de experiencia de cliente y de UX experience, que no es lo mismo. Pero para esto necesitamos dos cosas: tiempo y dinero. Tiempo para estudiar y hacer un “manual de desembarco total en un cliente que quiere cambiar” y dinero para vivir mientras esto sucede. Es entrar en el negocio de la consultoría creativa y abandonar el de la publicidad.

 

  1. Producción: Yo quiero pensar varias ideas, varias posibilidades de negocio, estudiarlas y en los casos que decida, tirar para delante, buscarme los socios que necesite en cada uno de ellos. No tienen por qué ser siempre los mismos. En uno de música me asociaré con un DJ y en uno de gastronomía, me asociaré con Arguiñano. Esto no necesita una estructura de agencia fija con costes fijos, solo necesita cabeza y utilizar el marketing para ver la oportunidad y poner esos negocios en marcha.

 

En este caso, la estructura de la agencia serviría para dar servicio y controlar personalmente el marketing a todos los proyectos en los que entramos.

 

Suena bien, ¿no crees?

 

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